FACUNDO MATTOS

Mi nombre completo es Nehuen Facundo Schenone Mattos, nací en 1984 en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Desde pequeño siempre fui aventurero y emprendedor, al terminar mis estudios secundarios trabajé por cuenta propia como diseñador de sitios web y programador de sistemas inmobiliarios, conocimiento que adquirí estudiando tutoriales web en mi adolescencia.

Mi pasión por los viajes comenzó a los 18 años cuando tuve la oportunidad de realizar mi primer viaje en solitario y de mochilero, viajé por Europa durante dos meses, desde Holanda hasta Turquía. Luego de esta experiencia no puede quitarme de la cabeza la idea de continuar viajando. Mi próxima intensión era recorrer Latinoamérica por un año, pero necesitaba recursos, es por ello que monté una empresa de venta de computadoras, diseño Web y Web hosting, con un amigo de la infancia en Buenos Aires. Trabajé durante 2 años ahorrando dinero hasta que finalmente decidí abandonar por completo la vida en la gran ciudad y me lancé a la aventura de viajar nuevamente.

Expedición Sonrisa - Facundo Mattos
Partí con 21 años a recorrer el continente latinoamericano en una bicicleta, recorrí durante 3 años más de 6.500km sobre mi bicicleta “Clementina” atravesando la Argentina, Bolivia, Paraguay, Perú y Ecuador. Este viaje marcó definitivamente mi vida, me encontré ante diversas situaciones de realidad social que me sensibilizaron de una manera radical. Había partido de la gran metrópoli como un “chico de ciudad” y pasados los primeros 5 meses de viaje lo que inició como un paseo en bicicleta se transformó en una cruzada por la paz. Comencé a visitar escuelas, hogares, comedores y ONGs, buscando un contacto directo con otras realidades y me propuse difundir un mensaje de paz y reivindicación de los valores y derechos humanos realizando charlas en Universidades, escuelas rurales y comunidades durante todo mi recorrido en dos ruedas. (www.pedalporlapaz.com)

Pero el desafío más grande y el episodio que puso fin a mi misión fue a principios del año 2008, cuando sufrí un grave accidente volando en parapente donde me fracturé la columna vertebral y debí ser operado de urgencia. Afortunadamente, luego de un largo año de rehabilitación y una prótesis de titanio, aprendí a caminar nuevamente.

20_2La idea de continuar viajando en bicicleta era un anhelo que debía resignar por el gran esfuerzo físico que requiere ese tipo de viaje, mi columna robótica ya no podría soportarlo, pero inevitablemente no podía dejar de pensar en continuar viajando aunque sea de otra manera.

Viajar nuevamente de mochilero no me convencía, quería hacer algo diferente, algo que me brindara otro tipo de vivencias y donde yo pudiera aportarle algo positivo al mundo. Elegí la opción de un vehículo como medio de transporte, allí tendría más lugar y podría transportar “algo” para los chicos de  las ONGs , escuelas y comunidades que solía visitar con la bicicleta. Aunque todavía no sabía qué llevaría conmigo, estaba seguro que mi destino no sería solamente Latinoamérica. La idea ya estaba fija en mi mente, el próximo viaje sería dar la vuelta al mundo.

Para poner en marcha los motores debía conseguir los recursos iniciales, por ello trabajé los siguientes 5 años en una empresa constructora y aproveché también el tiempo para estudiar la carrera de administración de empresas. Durante todos esos años siempre sentí que estaba “en transito” en Buenos Aires y que en cualquier momento estaría todo listo para comenzar la vuelta al mundo.

Finalmente compré una camioneta y me demoré un año en equiparla, pero la incógnita de qué transportar para los niños se mantuvo durante un buen tiempo en mi cabeza, hasta que finalmente me di cuenta que es lo que tenía que hacer en este viaje. Quería transmitirle alegría y ver la sonrisa de esos niños que han sido vulnerados o que viven en lugares marginados.

Quería contarles sobre la importancia de sus derechos y la educación en valores humanos.  Pero, cómo transmitirlo? De qué forma podría regalarle sonrisas a esos niños y al mismo tiempo transmitir el mensaje? Llevar juegos?  Pero qué juegos? Qué cosa que no sea accesible a todo el mundo y genere sonrisas tanto a niños como adultos? Cómo generar eso? Y mágicamente me vino a la cabeza la respuesta; un castillo inflable.

Excelente idea! Pero no quería que sea un castillo chico, quería pudrieran jugar en simultáneo por lo menos 10 niños y eso implicaba transportar un paquete de 300kg desinflado, requería un sistema práctico para poder subir y bajarlo de la camioneta sin que mi delicada espalda sufriera demasiado. Por ello hubo que adaptar el vehículo con un sistema de rampas y malacate interno que, luego de varias pruebas, logró su resultado.

Así fue que el 20 de enero de 2014 dejé nuevamente atrás la vida en la ciudad y comencé esta travesía por el mundo regalando sonrisas a los niños.